VENDIMIA 2.015

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Un año más, y ya son “5”, la vendimia pasó. Los días que empezaban al amanecer, las tardes que terminaban a altas horas de la noche, el ir y venir de los días que para nosotros, viticultores y bodegueros, son tan importantes que de ellos depende el resto del año, las horas que se hacían minutos y los días que se hacían semanas.

Un verano seco y una primavera con golpes de calor en mayo que en algunos momentos nos hicieron temer por la correcta evolución del viñedo. Pero claro, hablamos de viñedos en vaso que llevan, en algunos casos, más de 100 años luchando contra y a favor de los elementos. Hablamos de viñedos que se adaptan a los cambios haciéndose más fuertes, como el ser humano.

Comenzamos con el Albillo a principios de agosto, seguimos en septiembre con la Garnacha y el Syrah y ahora están descansando después de tanto trabajo.

El viñedo está en calma, descansa, coge fuerzas para el año próximo. El silencio del viñedo se contagia a la bodega y a nosotros. Buscamos el silencio, como los navegantes en alta mar, como los montañeros cuando alcanzan la cumbre, buscamos ese silencio que nos ayude a reencontrar ese espacio que hace que al volver a hablar tengamos muchas cosas que decir. Cosas importantes. Como los vinos que volverán a hablarnos pasado unos meses, en algunos casos y pasado unos años, en otros.

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